Se cumple un año del fin de la guerra de Artsaj – Nagorno Karabaj- y el pueblo armenio no ha curado las heridas de una dura derrota.

Un año después de la derrota de Armenia en el conflicto de Nagorno-Karabaj, la sociedad armenia intenta recuperarse de un golpe moral y económico. Miles de familias se vieron forzadas a huir de su hogar y miles de jóvenes perdieron su vida en una guerra que pilló por “sorpresa” al país.

Un padre llora ante la tumba de su hijo de 18 años en el cementerio militar de Yerablur (Ereván) / Diego Herrera

La firma de la rendición de Armenia, el 9 de noviembre, fue el inicio de una época convulsa que llega hasta el día de hoy, aniversario de la última guerra de Karabaj. En aquel momento, Pashinyan, primer ministro armenio, fue acusado de traidor y su gestión del conflicto fue puesto en entredicho por la población. Esto provocó protestas que desembocaron en la convocatoria de elecciones generales anticipadas. Los sondeos daban una victoria ajustada para Robert Kocharyan pero la sorpresa llegó cuando Nikol Pashinyan logro la mayoría absoluta.

Norik, un joven herido en la guerra de Karabaj, junto a otros veteranos de la guerra sentados alrededor de la tumba de un compañero fallecido en combate. En el cementerio de Abovyan / Diego Herrera

La calma tras el conflicto duro poco, el 12 de mayo de 2021 las tropas azeríes comenzaron a incursionar en territorio armenio. A día de hoy la situación ha escalado hasta el punto de que los azeríes han instalado un puesto policial en la carretera Goris-Kapan donde paran a vehículos particulares y camioneros iraníes. A estos últimos incluso se les exige una cierta cantidad de dinero para continuar la marcha y han llegado hasta detenerles. Estos hechos provocaron la reacción del gobierno iraní quien exigió la liberación inmediata de los conductores detenidos. Estos hechos han provocado en las ultimas semanas ciertas tensiones entre Azerbaiyán e Irán. El ejército iraní desarrollo maniobras militares en la frontera con Azerbaiyán.

En las ultimas semanas Azerbaiyán ha violado el alto el fuego, firmado en noviembre de 2020, en numerosas ocasiones. Las últimas víctimas son, un civil asesinado en Martakert por un francotirador azerí, el pasado 9 de octubre, mientras realizaba labores agrícolas y 6 soldados armenios heridos el pasado 14 de octubre.

El 16 de septiembre, la Republica de Armenia denunció ante el tribunal de la Haya las supuestas violaciones de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial. La demandante sostiene que «durante décadas, Azerbaiyán ha sometido a los armenios a discriminación racial» y «como resultado de esta política de odio a los armenios patrocinada por el Estado, los armenios han sido sometidos a una discriminación sistemática, a asesinatos en masa, a torturas y a otros abusos». La respuesta azerí fue interponer también una denuncia el pasado 23 de septiembre, ante la Corte Internacional de Justicia – Tribunal de la Haya-  sosteniendo que Armenia sometió a una “limpieza étnica, eliminación cultural y fomento del odio” contra los azeríes.

Una abuela y su nieto, desplazados de Nagorno Karabaj, viven en una escuela junto a otras 25 familias / Diego Herrera

En palabras de Gnel, un soldado voluntario que lucho en la guerra de Karabaj “Yo vi con mis propios ojos, auténticas atrocidades que los azeríes cometieron durante la guerra”. Gnel, junto con otros compañeros han creado la organización ATAN, una especie de escuela militar situada en una zona desértica del pueblo de Yeghvard, cerca de Ereván. “La guerra aún no ha acabado, tarde o temprano volverá y esta vez no nos puede pillar por sorpresa, debemos estar preparados”. Esta organización al igual que otras organizaciones como POGA o VOMA, tratan de formar militarmente a adolescentes y adultos. Los entrenamientos incluyen primeros auxilios, táctica, cartografía, alpinismo, manejo de armas, etc.

Ono, creador de la organización POGA afirma “Esto es más que una guerra por el territorio, es una guerra contra la etnia armenia”. La realidad es que Azerbaiyán tiene un gran espíritu expansionista y Alyev, presidente de la República de Azerbaiyan, ya ha declarado sus intenciones “Nuestra tierra natal es Zangazur (Syunik), nuestra tierra natal es el distrito de Gotcha (alrededor del lago Sevan), Iravan (Erevan). Definitivamente regresaremos allí» afirmó.

Un joven corriendo por una trinchera construida por la organización ATAN en Yeghvard (Armenia) / Diego Herrera

Un joven corriendo por una trinchera construida por la organización ATAN en Yeghvard (Armenia) / Diego Herrera

Un año después del conflicto los desplazados tratan de sobrevivir en un estado que ya no puede ayudarles económicamente. Desde el comienzo del conflicto según datos de la organización IOM, 90.640 personas y 27.501 familias huyeron de la región de Karabaj. En una casa de Hrazdan, región de Kotayk, que visiblemente necesita reformas, viven 6 personas de la misma unidad familiar, entre ellas un bebe. La familia vivía en la región de Kalvachar y huyeron el mismo 27 de septiembre, cuando estalló el conflicto. En un primer momento huyeron a Rusia, pero allí no era posible vivir dignamente, así que regresaron y se movieron de una casa a otra, buscando un alquiler bajo que pudieran pagar. Hoy pagan 45.000 drams (aprox 78€). “Todos los hombres de la familia lucharon en la guerra, gracias a dios, hoy siguen vivos” afirma Anna, la abuela. La familia recibe ayuda esporádicamente de la ONG Kooyrigs, que reparte alimentos, productos de higiene, pañales, etc. Anna, una mujer que trabajaba como camarera en una cafetería de Kalvachar afirma “Mi marido se fue a trabajar a Rusia hace un mes y nos manda dinero para poder sobrevivir”.

Una abuela da el biberón a su nieto en una casa que alquilan a 50km de Ereván / Diego Herrera

En Abovyan, un pueblo cercano a Ereván, se encuentra una antigua escuela que hoy acoge a 25 familias desplazadas de la región de Artsaj. Familias sin recursos que tuvieron que dejar el que había sido su hogar toda la vida “Allí quedaron todas las fotografías, todos nuestros recuerdos” afirma Sofia, una de las mujeres que vive allí desde hace 6 meses. Alisa llevaba 24 años viviendo en Karabaj y tuvo que huir. Ahora vive con su hijo con apenas 47.000 drams al mes “Tenia, vacas, ahora no tengo nada, no puedo comprar ni carne, estoy desesperada, incluso he intentado suicidarme” afirma con lágrimas en los ojos.

La desesperación y la tristeza brota por cada rincón de esta escuela. En una habitación contigua vive Aram con su madre “Mis hijos están en otro lugar a 60km de aquí, no pueden quedarse aquí conmigo porque no hay sitio, cada vez que hablo con ellos por teléfono nos ponemos a llorar” afirma. Él vivía en Lachin y trabajaba como mecánico. Durante la guerra arreglo los vehículos del ejército sin recibir nada a cambio. Aram vivía en Lachin y aguanto hasta mayo de 2021 “Los soldados rusos, que se encargan de controlar el corredor de Lachin, me pidieron por favor que me fuera, que no podían garantizar mi seguridad, que en cualquier momento en la noche podían venir los azerís y asesinarme” afirma.

La madre Aram, desplazada de Karabaj, en su habitación en una escuela en Abovyan / Diego Herrera

Las víctimas directas de las balas y los bombardeos son otro de los colectivos a los que la vida les ha cambiado radicalmente. El Centro de Rehabilitación de Ereván acoge a cientos de soldados heridos que han perdido movilidad. Norik es uno de esos soldados a los que la vida le ha cambiado, pero de su boca brotan palabras enérgicas, mira la vida con esperanza “Yo no quiero estar todo el día sentado en casa, quiero ir al campo, visitar los preciosos rincones de Armenia, quiero ir a trabajar la madera y vender mis propios productos”. Él fue herido por una bala en Shushi, ciudad clave en la derrota de Armenia, mientras trataba de ayudar a un soldado herido. Recibió una bala en la espalda con tan mala suerte que fue a parar a su medula espinal. Desde entonces vive postrado en una silla de ruedas.

Norik, herido en la guerra, realiza ejercicios en el Centro de Rehabilitación de Defensores de la Patria / Diego Herrera

Norik estuvo 4 meses en el Centro de Rehabilitación de Defensores de la Patria, donde intento recuperar cierta movilidad y prepararse para el futuro que le esperaba. Durante ese tiempo, su padre adaptó su humilde casa en Abovyan, un pueblo a 25 minutos de Ereván, para que Norik pudiera moverse con facilidad por sí mismo. Sin embargo, se ha topado con los obstáculos que toda persona con problemas de movilidad teme, un segundo piso. Norik lleva desde mayo intentando que el ayuntamiento le conceda un permiso para construir un elevador desde la terraza de su casa a la calle “Me han dicho que lo van a mirar, pero ya ha pasado mucho tiempo y para salir de mi casa necesito a 4 personas para que me bajen por las escaleras, y yo no puedo estar todos los días pidiéndoselo a los vecinos” afirma. A ello se une una economía familiar que no le permite poder afrontar los gastos de construir un ascensor.

Norik realiza ejercicios en el Centro de Rehabilitación para Defensores de la Patria / Diego Herrera

Vardan es otra de esas víctimas que mira con positividad a la vida. Recién cumplidos los 30 años, este joven acude a clases de baile que organiza el Centro de Rehabilitación para Defensores de la Patria. Esta iniciativa comenzó en agosto de 2021 y tiene la intención de dar una segunda oportunidad y una vía de distracción para esos soldados que han perdido la movilidad.

Vardan durante una clase de danza en Ereván / Diego Herrera

Junto a ellos acude un grupo de bailarinas y un coreógrafo que les enseñan a bailar. Vardan comenzó a bailar junto con 4 compañeros y se prepara para una actuación que se celebrará en los próximos meses “Yo antes no bailaba, pero me lo propusieron y no me lo pensé”. Lo cierto es que este joven no falta a la cita y esboza una sonrisa cuando la música comienza a sonar. Una música más que necesaria, al menos para evadirse durante una hora, de una realidad dura para miles de armenios.

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Galeria «La herida abierta de Armenia»